Creer que todo está perdido es pensar que no existe ni una pizca de posibilidad. La Defensoría Del Pueblo le apuesta a la educación en derechos humanos como parte de la transformación social.

La educación en derechos humanos transforma realidades, pero también transforma la manera en la que las personas entienden su territorio, reconocen las violencias y construyen comunidad. El pasado 8 de mayo asistimos al lanzamiento del Campus Virtual de la Defensoría del Pueblo, una plataforma gratuita creada para ampliar el acceso a la formación en derechos humanos en Colombia.
El Campus reúne 19 cursos abiertos al público, además de contenidos pedagógicos, podcasts, videos, campañas y materiales educativos pensados para acercar los derechos humanos a distintos territorios y comunidades. La plataforma busca brindar herramientas para que las personas puedan reconocer, defender y exigir sus derechos, especialmente en contextos donde el acceso a la educación sigue siendo limitado.
Durante el lanzamiento también se presentó la sistematización de cinco experiencias territoriales de educación en derechos humanos, compartidas por siete lideresas y líderes que han acompañado procesos de formación en distintas regiones del país.

Más que una exposición de resultados, el espacio se convirtió en una conversación sobre lo que ocurre cuando la educación se construye desde las comunidades. Cada experiencia mostró cómo talleres, escuelas y procesos pedagógicos pueden convertirse en herramientas para fortalecer liderazgos, generar participación y responder a contextos marcados por desigualdad, violencias de género, conflicto armado o ausencia institucional.
Las experiencias compartidas tenían algo en común: entender que la educación en derechos humanos solo funciona cuando responde a las necesidades reales del territorio.
En Chocó, la Escuela Jututiando por tus derechos, impulsada desde procesos vinculados a la Defensoría del Pueblo, ha trabajado con mujeres de Nuquí, Bahía Solano y Juradó desde un enfoque cultural y de género. Allí, la formación en derechos humanos ha permitido fortalecer liderazgos femeninos y abrir espacios para hablar de violencias que durante años permanecieron silenciadas.

En Nariño, el Diplomado en Derechos Humanos y Paz ha desarrollado procesos formativos dirigidos a líderes, comunidades y personas con distintos niveles educativos, priorizando sectores rurales y poblaciones históricamente excluidas del acceso a educación superior. La experiencia resaltó la importancia de crear metodologías accesibles para que el aprendizaje pueda replicarse dentro de las comunidades.
En Caldas, el concurso Pensamiento Libre, impulsado por la Defensoría del Pueblo, llevó el muralismo y el freestyle a la cárcel de varones La Blanca de Manizales. Bajo iniciativas enfocadas en diversidad, arte y derechos humanos, el proyecto mostró cómo el arte puede convertirse en una herramienta de sensibilización y reconocimiento del otro.
En Magdalena, la Escuela Juntos por la Participación trabajó junto a personas veedoras y comunidades para fortalecer procesos de participación ciudadana y diálogo con las instituciones. La experiencia evidenció la importancia de acompañar a las comunidades en ejercicios de control social y participación colectiva.

Y en Norte de Santander, la Escuela Iván Villamizar Luciani, vinculada a la Defensoría del Pueblo regional, ha impulsado espacios pedagógicos sobre derechos humanos, memoria y enfoque de género. La escuela se ha consolidado como un espacio de formación y fortalecimiento de liderazgos comunitarios en la región.
Escuchar cada una de estas experiencias permitió entender que los talleres y espacios formativos en territorio no se quedan únicamente en el aprendizaje. Se convierten en redes de apoyo, herramientas de protección y posibilidades de transformación colectiva.

Durante toda la jornada hubo una palabra que se repitió constantemente: “réplica”. Porque el objetivo no es que el conocimiento permanezca solo en quien participa, sino que pueda compartirse, circular y generar impacto en otras personas y comunidades.
Ahí también está la importancia del Campus Virtual. En un país atravesado por desigualdades territoriales, abrir espacios gratuitos de formación en derechos humanos significa ampliar posibilidades para quienes históricamente han tenido menos acceso a estos procesos.
La educación, cuando se construye desde el territorio y para el territorio, también puede convertirse en una forma de resistencia y esperanza.
![]()