El primer fin de semana de marzo dimos inicio a nuestro Diplomado en Teoría y Metodologías Creativas para la Construcción de Culturas de Paz 2026.

El 6 de marzo no empezó solo un diplomado. Empezó una aventura. Un espacio donde buscamos aprender, de forma creativa y abierta, nuevas maneras de construir paz para nuestros territorios y nuestro país.
Este año, como en muchas de las versiones anteriores, hay algo que se repite y a la vez se transforma: la mayoría de las participantes son mujeres. Mujeres que, desde distintos lugares, profesiones y territorios, siguen apostándole a la paz como una práctica viva, no como un concepto lejano.
Las y los participantes llegaron con una pregunta difícil de nombrar: ¿De verdad es posible construir paz desde lo cotidiano?
También se abrieron, poniendo sobre la mesa lo que quieren sembrar: dudas, cansancio, expectativas, miedos y emociones. Sin embargo, su disposición estuvo siempre atravesada por la sorpresa y la apertura. Ya en sí misma, una forma de esperanza.
“Que el grupo sea diverso es lo bacano” Diana Martínez
Porque este diplomado no es un espacio estático. Cada grupo lo rehace, lo tensiona y lo enriquece. Cada historia de vida que entra cambia la experiencia para las demás. Y en esa diversidad hay potencia.

¿Qué se siembra para construir paz?
En el primer espacio del diplomado no se habló de resultados. Se habló de siembra.
Como quien enciende una vela sin saber exactamente hasta dónde llegará la luz, cada participante nombró lo que trae consigo y lo que está dispuesta a poner en juego. No todo es claro, no todo es cómodo, pero todo es necesario.
Se siembran dudas.
Se siembran conflictos por transitar.
Se siembra la posibilidad de aprender… y también de desaprender.
Se siembra la búsqueda de una paz que no es solo exterior, sino profundamente interna.
Se siembra la intención de construir colectivamente, de abrirse a otras formas de aprender, de escuchar de verdad.

También se siembran cosas más difíciles de medir, pero igual de importantes:
el cuidado, la confianza, el respeto, el amor, la desobediencia consciente.
Y, quizás sin decirlo directamente, se siembra algo más: la posibilidad de no estar solas.
Un espacio de formación para la paz que no se parece a otros
El Diplomado en Teoría y Metodologías Creativas para la Construcción de Culturas de Paz no se limita a transmitir contenidos. Durante 120 horas, propone una experiencia que cruza tres dimensiones fundamentales: la teoría, la práctica pedagógica y el cuidado.
Aquí no se aprende únicamente desde la cabeza. Se aprende desde el cuerpo, desde el juego, desde el arte, desde la emoción. Se aprende en relación.

Las metodologías no buscan dar respuestas cerradas, sino abrir preguntas más complejas. Y eso, para muchas personas, puede ser incómodo al inicio. Pero también es lo que hace que el proceso sea transformador.
Porque hay cosas que ningún otro diplomado enseña: cómo sostener el conflicto sin huir,
cómo acompañar a otros sin olvidarse de sí, cómo crear espacios seguros en medio de contextos difíciles.
¿Quiénes construyen paz en este espacio?
Cada edición tiene su propio pulso. Y este año, el grupo está atravesado por una mezcla poderosa de intereses, búsquedas y experiencias.
Hay quienes trabajan en lo comunitario, en lo educativo, en lo artístico. Hay quienes llegan desde lo profesional, pero también quienes llegan desde lo personal: porque necesitan herramientas, sí, pero también porque necesitan sentido.
Algunas vienen buscando respuestas concretas. Otras, simplemente, un lugar donde hacerse mejores preguntas. Y en ese encuentro de trayectorias aparece algo inesperado: nuevas formas de ver, de relacionarse, de entender el mundo.

La cosecha: aprendizajes para la paz
Hablar de cosecha en el primer día puede parecer apresurado. Pero nombrarla también es una forma de orientar el camino.
Se espera cosechar aprendizajes, sí, y también herramientas que puedan llevarse a la vida real. Sensibilidades más finas para leer los conflictos. Experiencias que dejen huella.
Y, quizás lo más importante: formas distintas de habitarse y de habitar a los otros.

Seguir formándonos, seguir apostándole a la paz
Después de trece años, este diplomado no existe por inercia. Existe porque sigue siendo necesario.
En un contexto donde hablar de paz puede parecer abstracto o incluso ingenuo, espacios como este recuerdan que la paz se construye en lo pequeño, en lo cotidiano, en las relaciones.
Formarse no es solo adquirir conocimientos. Es transformarse.
Y tal vez por eso, año tras año, hay personas que deciden volver a encender la vela. No porque ya tengan todas las respuestas, sino porque siguen creyendo que vale la pena buscar la luz.
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